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01 julio 2011

La estevia, a las puertas de su uso como edulcorante

La estevia, una planta de la misma familia que el girasol y la achicoria, es un cultivo original de América del Sur, en particular, de Brasil y Paraguay. Los pobladores indígenas conocedores del intenso dulzor del extracto que se obtiene de las hojas de la planta, a la que llaman hoja de miel, la usan para endulzar comidas, infusiones y bebidas como el mate. El interés que ha mostrado la industria alimentaria y farmacéutica por la estevia se basa, además de en su poder edulcorante y sin calorías, en las potenciales propiedades saludables en el control de la glucemia y la hipertensión arterial. Así consta en los estudios preliminares realizados sobre los principios activos de la planta, los glucósidos de esteviol, si bien el número de investigaciones en humanos es todavía escaso como para dar los resultados por concluyentes.

Sustituto de azúcares

El intenso y marcado sabor dulce de la estevia ("Stevia rebaudiana Bertoni", por el apellido de su descubridor, el biólogo botánico Moisés S. Bertoni) se debe a los glucósidos de esteviol, identificados siete en total (esteviósido, rebaudiósido A, rebaudiósido C, dulcósido A, rubusósido, esteviolbiósido, rebaudiósido B). De su análisis bromatológico se desprende que estos compuestos son entre 250 y 300 veces más dulces que la sacarosa (azúcar común), con la ventaja de que no aportan calorías ni son cariogénicos.

Otro valor añadido de la estevia es que es un edulcorante natural, que al no ser fuente de fenilalanina sirve como sustituto del aspartamo, un edulcorante tóxico para personas con fenilcetonuria, una enfermedad metabólica.


En diversos países del mundo, como Japón, Australia, Nueva Zelanda, China, Corea o Brasil, para los que el uso de la estevia (glucósidos de esteviol) como edulcorante está aprobado, se añade a conservas vegetales, salsas, bebidas, caramelos, chicles, yogures y helados, y en la industria farmacéutica, a pasta dental y enjuague bucal. Su adición a estos alimentos y bebidas dulces permite que proporcionen menos energía y se adapten a dietas de control de azúcares, como las recomendadas en caso de obesidad, diabetes, triglicéridos elevados y caries dental.

Control de la glucemia y la presión arterial

La última y más reciente, por el momento, revisión sistemática sobre las propiedades y la eficacia de la estevia en seres humanos basada en la evidencia realizada por el Natural Standard Research Collaboration centra sus resultados en el efecto de la planta en la hipertensión y la hiperglucemia.

El extracto de la planta de estevia se utiliza desde hace tiempo en países de América del Sur para el tratamiento de la diabetes. La reciente revisión incluye la evaluación de dos estudios realizados a largo plazo (1 y 2 años de duración, respectivamente) que comprueban que la estevia (una cantidad considerable de principio activo, de 750 mg/día a 1.500 mg/día de esteviósido) puede ser eficaz en la reducción de la presión arterial en pacientes hipertensos, si bien los datos de estudios más cortos (1-3 meses de duración) no apoyan estos resultados.

En relación con la glucemia, un par de estudios pequeños informan de resultados positivos con respecto a la tolerancia a la glucosa y la respuesta a la glucemia, aunque el rigor metodológico de estos experimentos se considera relativamente bajo, lo cual limita la fuerza de estos resultados. Por ello debe ampliarse la investigación en ambas indicaciones.

ESTEVIA COMO EDULCORANTE SEGURO

El Natural Standard Research Collaboration informa de la situación actual para el uso de la estevia (en concreto los glucósidos de esteviol, los principios activos con mayor poder edulcorante de la planta), como edulcorante añadido a alimentos y bebidas.

El Comité Mixto FAO/OMS de Expertos en Aditivos Alimentarios (JECFA) concluyó en junio de 2008 que los glucósidos de esteviol son seguros para su uso en alimentos y bebidas y estableció una ingesta diaria admisible (IDA) de 4 miligramos por kilo de peso corporal (expresado como esteviol). Esta cantidad equivale a una dosis diaria máxima de hasta 240 miligramos para una mujer de 60 kg o 280 miligramos para un hombre de 70 kilos. El JECFA estableció las especificaciones de identidad y pureza de los glucósidos de esteviol con un contenido mínimo del 95% de la suma de los siete principios activos.

En Europa. La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) ha realizado una evaluación general de seguridad para la aprobación de la estevia como edulcorante en los alimentos y para su uso como potenciador del sabor. En abril de 2010, la EFSA publicó un dictamen científico positivo y estableció la IDA propuesta por el JECFA, de 4 miligramos por kilo de peso de esteviol. En el momento actual, la Comisión Europea redacta la legislación para la autorización y puesta en el mercado europeo de este edulcorante. El siguiente paso será la actualización de la directiva europea sobre aditivos para incluir este nuevo edulcorante. En Francia, la Agencia francesa de seguridad alimentaria (ANSES) evaluó el rebaudiósido A y dio una evaluación de seguridad positiva. En septiembre de 2009, Francia autorizó el uso de rebaudiósido A como edulcorante en el ámbito nacional durante un período transitorio hasta el establecimiento del anexo de la nueva regulación de los aditivos en el marco de la UE que se espera para 2011. Con base en la evaluación del JECFA 2008, Suiza ha decidido autorizar de forma provisional el uso de productos que contengan glucósidos de esteviol, en cumplimiento de las especificaciones del JECFA.

En Estados Unidos. En diciembre de 2008, la Food and Drug Administration (FDA) aceptó que el uso de la estevia con un mínimo del 95% rebaudiósido A es seguro (GRAS, Generally Recognized as Safe (GRAS) como edulcorante en alimentos y bebidas.

En el resto del mundo. Australia y Nueva Zelanda aprobaron el uso de glucósidos de esteviol de acuerdo con el JECFA en 2008, en un rango definido de aplicaciones en alimentos. En Japón, China, Corea y Brasil, entre otros países, los glucósidos de esteviol se consideran componentes naturales de alimentos y, como tales, están aceptados para su uso alimentario

11 agosto 2010

Influencia de la publicidad alimentaria en los niños

La televisión puede hacer estragos en la dieta de los niños, pese a las buenas intenciones de los padres. Un nuevo estudio de investigadores estadounidenses demuestra que la influencia de la publicidad en los gustos alimentarios de los más pequeños de la casa es aún mayor de lo que se sospechaba.

Los investigadores estudiaron las preferencias alimentarias de un grupo de 63 niños californianos de tres a cinco años de edad. A los pequeños se les ofreció cinco tipos de alimentos: hamburguesas, chicken nuggets (trozos de pollo frito) y patatas fritas, todos de la marca McDonald's, además de leche y zanahorias compradas en un supermercado. Los científicos agruparon los diferentes alimentos en porciones idénticas y los envolvieron con dos tipos de envoltorios, uno con la marca McDonald's y otro que no mostraba ningún logo. Los científicos dieron a probar a los niños alimentos procedentes de ambos tipos de paquetes y les preguntaron cuáles les gustaban más. En la mayoría de los casos, los pequeños prefirieron la comida que creyeron que procedía de la cadena de comida rápida. Este resultado indica que incluso las criaturas de muy corta edad muestran preferencia de marca a resultas de la publicidad.

Estudio de marca

«Los niños incluso creían que los trozos de pollo que pensaban que eran de McDonald's sabían mejor que los otros pedazos de pollo idénticos, pero sin logo», afirma el doctor Thomas Robinson, responsable del experimento y profesor de medicina y pediatría en la Universidad de Stanford (Estados Unidos). Robinson explica que su grupo decidió utilizar la marca McDonald's en el estudio porque «es el patrón oro en la publicidad dirigida a los niños». El profesor, que también dirige el Centro Para Un Peso Saludable del Hospital Infantil Lucile Packard, afirma que la cadena de comida rápida invierte anualmente más de 100.000 millones de dólares (unos 73.100 millones de euros) en publicidad solamente en Estados Unidos. «Pero además, McDonald's se anuncia a nivel mundial», señala, «por lo que si lo que queríamos era estudiar la influencia de una marca, ésta era la elección obvia».

Robinson explica que los investigadores fueron muy cuidadosos en no introducir elementos publicitarios adicionales al logo, como serían los envases de los populares Happy Meals o la figura del payaso Ronald McDonald's. «Queríamos estudiar sólo el efecto de la marca aislada, aunque estoy seguro que si hubiéramos añadido esos factores adicionales, a los niños les hubiera gustado la comida todavía más».

¿Un exceso de publicidad?

El coordinador del experimento considera «injusto» que la publicidad de comida rápida tenga este efecto persuasivo en el público infantil «mientras que los padres y los doctores están intentando que los críos coman sano». El estudio de Robinson, publicado en la revista Archives of Pediatrics and Adolescent Medicine, mostró que los niños con más aparatos de televisión en sus hogares y, por tanto, más expuestos a la publicidad, eran los que mayor preferencia mostraron por los alimentos envueltos con el papel con el logo de McDonald's. El mismo efecto se observaba en aquellos niños cuyos padres les llevaban a comer con más frecuencia a la cadena de hamburgueserías. Aun así, Robinson explica que en un experimento anterior observó que exponer a niños de tres a cinco años a un anuncio de sólo treinta segundos ya provoca que las criaturas elijan una marca de productos sobre cualquier otra.

En Estados Unidos, donde el 13% de la población infantil y adolescente es obesa, se calcula que los niños de entre dos y once años ven un promedio de 5.500 anuncios de comida al año, la mayoría de ellos promoviendo alimentos poco saludables. McDonald's anunció en otoño del año pasado una campaña en contra de la obesidad infantil y la diabetes de tipo 2, que suele ir asociada con el sobrepeso. Además, la cadena de hamburgueserías acordó el mes pasado, junto con otras diez grandes compañías alimentarias, dejar de anunciar a los niños menores de doce años aquellos productos que no cumplan con ciertos estándares nutricionales. Estos estándares variarán dependiendo de la compañía, pero las empresas aseguran que se basarán en las recomendaciones del Departamento de Salud y Servicios Humanos estadounidense (equivalente al Ministerio de Sanidad y Consumo español).

Para Robinson, este tipo de acciones no son suficientes. «Está bien que admitan públicamente que tenemos un problema con la obesidad infantil, pero es un poco tarde para ello», afirma Robinson, quien cree que las empresas de comida rápida ofrecen «muchas promesas, pero pocas acciones».

El caso español

España no se queda muy detrás de Estados Unidos en lo que se refiere al porcentaje de niños obesos. Según datos de la Campaña 2006 Prevención Obesidad Infantil del Ministerio de Sanidad y Consumo, nuestro país presenta una de las cifras de obesidad infantil más altas de Europa. En concreto, la frecuencia entre la población de 2 a 24 años es del 13,9%, y el sobrepeso del 12,4%. Los varones presentan cifras de obesidad más elevadas (15,6%) que las mujeres (12%), y el mayor problema se da en el grupo de edad de 6 a 12 años (el 16,1% de los niños de esta edad son obesos). El Ministerio de Sanidad y Consumo atribuye el preocupante aumento de casos de niños españoles obesos en la última década al sedentarismo y a los malos hábitos alimentarios.

Mientras que otros países europeos, como el Reino Unido, han optado por poner límites a la publicidad alimentaria dirigida a los niños, España ha optado por la autorregulación. Así, los británicos prohíben los anuncios de comida basura dirigidos a menores de 16 años en televisión, prensa escrita y cine, pero en España sólo se encuentra en funcionamiento, desde el 15 de septiembre de 2005, el Código de Autorregulación de la Publicidad de los Alimentos. Las empresas adheridas voluntariamente a esta iniciativa se comprometen a no utilizar mensajes equívocos sobre las características de sus productos o de los beneficios de su consumo, así como a no aplicar una presión publicitaria excesiva en los niños.


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